21 de Junio de 2019

Nuevos riesgos que afrontan los adolescentes y sus consecuencias psíquico-legales

Las situaciones de violencia o acoso a los que están expuestos los adolescentes cobraron notoriedad social en los últimos años, que se potenciaron de la mano de las herramientas tecnológicas y por la masividad de las redes sociales.

Una de sus manifestaciones más corrientes es el bullying, que consiste en el acoso físico o psicológico al que es sometido un adolescente o niño por parte de sus compañeros o grupo de amistades.

El bullying representa hoy el inicio de un ciclo de violencia, que puede comenzar como simples burlas inofensivas y cuyo tenor irá cambiando y empeorando con el tiempo hasta causar un sentimiento de inferioridad de las víctimas respecto a los acosadores.

Iniciado su ciclo, el bullying, en situaciones extremas, suele derivar en una persecución y ataques físicos cotidianos, que acaban por sumir a las víctimas en un estado de vulnerabilidad y depresión.

Este tipo de ataque no requiere como condición sine que non que las personas se encuentren frente a frente, pues Internet y los teléfonos celulares permiten realizar estos ataques de forma privada y anónima.

El nuevo fenómeno es conocido como cyber bullying, que valiéndose de rumores, fotos o videos comprometedores, exponen a sus víctimas dejándolas en un estado de vulnerabilidad, ante un público dispuesto a promover juicios de valores que pueden afectar su integridad psicológica.

Dentro de esta modalidad, existen dos tipos de manifestaciones: el grooming y el sexting. El primero hace referencia a una serie de conductas o acciones desarrolladas por un adulto, con el objetivo de entablar una relación de confianza con un menor de edad, creando una conexión con este que le permita acercarse al mismo y abusar de aquél.

Por su parte, el sexting se refiere a aquellos casos en los niños, niñas y adolescentes deciden enviar fotos, videos o cualquier tipo de contenido de connotación sexual por medio de smartphones o dispositivos, bajo el riesgo una vez que ese contenido fue compartido, pasa a ser propiedad de la red.

En relación a estas prácticas y sus efectos, el Lic. Leandro Peiretti, miembro del Gabinete del Psicología Forense del Poder Judicial, expuso que “cuando hablamos de violencia, como cuando nos referimos a todas aquellas situaciones en el ámbito psicológico relacionadas con la adolescencia, debemos hablar de una pluricausalidad responsable de estas circunstancias”.

Por un lado, en el plano biológico transitan la pubertad, etapa de la vida en que los cambios hormonales son responsables de una serie de cambios que se manifestará en su conducta y el área social del joven.

“Con todo ese movimiento hormonal en marcha, el joven se encuentra con que los sistemas defensivos, que generalmente utilizaban en la niñez, pierden su efecto. En consecuencia, comienzan a aparecer aquellos problemas relativos al control de los impulsos y el manejo de las emociones”, apuntó en diálogo con el Área de Prensa del Poder Judicial.

“A su vez estos nuevos adolescentes, continuó el profesional, no alcanzaron a generar su sistema simbólico, lo que implica que no tienen un desarrollo discursivo que le permita atrapar sus emociones y tramitar sus conflictos internos por vía de la palabra. Por lo tanto, muchas veces todas estas emociones y frustraciones contenidas, acaban por manifestarse por medio de la agresión verbal o física”.

Una vez iniciado el ciclo de violencia, puede terminar en un enfrentamiento físico entre adolescentes, cuyas consecuencias pueden serias porque los jóvenes se dejan llevar por sus impulsos.  

“Lo importante aquí es que los jóvenes puedan comprender la importancia de los valores sociales transmitidos, que puedan asimilarlo bien y que dichos principios se transformen en el freno requerido, para evitar este tipo de episodios y ser capaces de comprender los riesgos que conllevan y la necesidad de evitarlos; resultando igual de importantes, el controlar que exista una regulación conductual por la tercería de la ley, que no posibilite el lazo social y la cohesión”, expresó el Lic. Peiretti.  

“Lo ideal, continuó el entrevistado, no es suprimir estos medios tecnológicos, pues se debe admitir que hoy por hoy, los jóvenes se relacionan por medio de ellos. Suprimirlos de su vida cotidiana, sería condenarlos en un futuro a la ignorancia, además de tener consecuencias en cuanto a la adecuada integración a los diferentes grupos sociales de pertenencia, siendo necesario que desde la infancia se mantenga una relación controlada por los padres y esto, hacerlo extensivo a los adolescentes”.  

Consecuencias legales  

Consultado sobre la temática, el juez de Control y Garantías, Dr. Fernando Paradelo, determinó que “en este tipo de casos, es esencial analizar detenidamente la edad de presunto agresor, los hechos y, por supuesto, la gravedad de los daños o lesiones producidas por éste”.





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